El viaducto de Madrid es un lugar bello pero marcado por la tragedia y el misterio.
Poca gente lo sabe, pero el actual viaducto es en realidad el tercer que se levanta en este mismo lugar.
El primero, de 1874, era tan frágil que temblaba cada vez que pasaban carros… y hubo quien aseguró que al cruzarlo oía crujidos que no venían de la estructura, sino “de abajo”.
Nunca se supo qué quiso decir.
En los años 30, durante la Guerra Civil, debajo del viaducto se refugiaban vecinos que huían de los bombardeos.
Muchos contaban que, en mitad del caos, había silencio justo bajo el centro del puente, como si ese espacio estuviera aislado del mundo.
Los más supersticiosos lo llamaban “el ojo del viaducto”.
En los 60, cuando Madrid empezaba a modernizarse, el ayuntamiento encargó estudios para derribarlo:
decían que era “un lugar con demasiada memoria y poco futuro”.
Pero curiosamente, cada intento de reforma se retrasaba por accidentes, fallos técnicos o informes extraviados.
Al final, el puente siguió en pie.
Hay quien piensa que Madrid lo quiso conservar… y quien piensa que no lo dejaron tocar.
También existen testimonios de vecinos que vivían en los edificios laterales y aseguraban ver, de madrugada, figuras quietas apoyadas en la barandilla, aunque el puente estuviera completamente vacío.
La policía lo registró más de una vez sin encontrar a nadie.
Y aun así… sigue siendo uno de los miradores más hermosos y más inquietantes de la ciudad.
Esa mezcla tan madrileña de belleza y vértigo.
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